Jacques Derrida at Jorge Luis Borges´ home in Buenos Aires, 1985.
{2017} from laser dreams
(digital, laser prints, collage)
El cuerpo, la piel: todo el resto es literatura anatómica, fisiológica y médica. Músculos, tendones, nervios y huesos, humores, glándulas y órganos son ficciones cognitivas. Son formalismos funcionalistas. Mas la verdad es la piel. Está en la piel, hace piel: auténtica extensión expuesta, completamente orientada al afuera al mismo tiempo que envoltorio del adentro, del saco lleno de borborigmos y de olor a humedad. La piel toca y se hace tocar. La piel acaricia y halaga, se lastima, se despelleja, se rasca. Es irritable y excitable. Toma el sol, el frío y el calor, el viento, la lluvia, inscribe marcas del adentro —Arrugas, granos, verrugas, excoriaciones— y marcas del afuera, a veces las mismas o aun grietas, cicatrices, quemaduras, cortes.

Jean-Luc Nancy. 58 indicios sobre el cuerpo. Extensión del alma. Trad. Daniel Alvaro. Buenos Aires: La Cebra, 2006.
A partir de los versos «so she took off / and felt like migrating birds» del poema «Migrating Birds» de Mónica de la Torre. / Imagen de Mariana Magdaleno
«There, precisely, is the origin. Noise and nausea, noise and the nautical, noise and navy belong to the same family. We mustn’t be surprised. We never hear what we call background noise so well as we do at the seaside. That placid or vehement uproar seems established there for all eternity. In the strict horizontal of it all, stable, unstable cascades are endlessly trading. Space is assailed, as a whole, by the murmur; we are utterly taken over by this same murmuring.» // Michel Serres, Genesis

«A flor de piel» es el rozar: el pasaje a lo más cercano, el contacto más ligero posible pero sin quedarse al margen. Tocar pero sin apoyarse. Tocar menos la piel que su flor: su pelusa o bien ella misma, en tanto se halle volteada hacia afuera, la película ínfima de su faz expuesta, despojada de espesura, y signo sin embargo, de una profundidad infinita. Signo o señal, presagio, promesa. La piel promete jamás cesar, ni extenderse, ni ofrecerse, ni profundizarse. La piel garantiza que este cuerpo está allí, todo entero en ella, que la piel es, a su vez, este cuerpo y, en consecuencia, que es su alma.
El cuerpo florece, eclosiona en su piel, la piel es su eclosión. Es aquello que llamamos alma o vida, misterio, presencia, aire. Es también su tez, su rostro, sus hechuras, su carácter, su pensamiento, su verdad. La flor anuncia el fruto, que es la respuesta a su llamado, el henchirse de una carne bajo una piel nueva, otra intensidad cromática (chrôma designa, primero, la tez de la piel) y la inminencia de un sabor y de un jugo, licor salido de la carne.
Jean-Luc Nancy, Dar piel, Trashumante, 2016.

«To look at something which is “empty” is still to be looking, still to be seeing something—if only the ghosts of one’s own expectations.»
Susan Sontag
