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Suena genial Nah, no me interesa

Indicio 54

El cuerpo, la piel: todo el resto es literatura anatómica, fisiológica y médica. Músculos, tendones, nervios y huesos, humores, glándulas y órganos son ficciones cognitivas. Son formalismos funcionalistas. Mas la verdad es la piel. Está en la piel, hace piel: auténtica extensión expuesta, completamente orientada al afuera al mismo tiempo que envoltorio del adentro, del saco lleno de borborigmos y de olor a humedad. La piel toca y se hace tocar. La piel acaricia y halaga, se lastima, se despelleja, se rasca. Es irritable y excitable. Toma el sol, el frío y el calor, el viento, la lluvia, inscribe marcas del adentro —Arrugas, granos, verrugas, excoriaciones— y marcas del afuera, a veces las mismas o aun grietas, cicatrices, quemaduras, cortes. 

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Jean-Luc Nancy. 58 indicios sobre el cuerpo. Extensión del alma. Trad. Daniel Alvaro. Buenos Aires: La Cebra, 2006.

A partir de los versos «so she took off / and felt like migrating birds» del poema «Migrating Birds» de Mónica de la Torre. / Imagen de Mariana Magdaleno

Fuente: open.spotify.com playlist Mónica de la torre Migrating Birds mariana magdaleno andrew bird tujiko noriko Lawrence English Julie byrne arca leó ferré angel olsen aldous harling library tapes jens lekman orcas emiliana torrini takahiro kido marissa nadler benjamin clementine

noise / nausea

«There, precisely, is the origin. Noise and nausea, noise and the nautical, noise and navy belong to the same family. We mustn’t be surprised. We never hear what we call background noise so well as we do at the seaside. That placid or vehement uproar seems established there for all eternity. In the strict horizontal of it all, stable, unstable cascades are endlessly trading. Space is assailed, as a whole, by the murmur; we are utterly taken over by this same murmuring.» // Michel Serres, Genesis

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Michel Serres Genesis

De «Dar piel»

«A flor de piel» es el rozar: el pasaje a lo más cercano, el contacto más ligero posible pero sin quedarse al margen. Tocar pero sin apoyarse. Tocar menos la piel que su flor: su pelusa o bien ella misma, en tanto se halle volteada hacia afuera, la película ínfima de su faz expuesta, despojada de espesura, y signo sin embargo, de una profundidad infinita. Signo o señal, presagio, promesa. La piel promete jamás cesar, ni extenderse, ni ofrecerse, ni profundizarse. La piel garantiza que este cuerpo está allí, todo entero en ella, que la piel es, a su vez, este cuerpo y, en consecuencia, que es su alma.

El cuerpo florece, eclosiona en su piel, la piel es su eclosión. Es aquello que llamamos alma o vida, misterio, presencia, aire. Es también su tez, su rostro, sus hechuras, su carácter, su pensamiento, su verdad. La flor anuncia el fruto, que es la respuesta a su llamado, el henchirse de una carne bajo una piel nueva, otra intensidad cromática (chrôma designa, primero, la tez de la piel) y la inminencia de un sabor y de un jugo, licor salido de la carne.

Jean-Luc Nancy, Dar piel, Trashumante, 2016.

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